Recientemente leí un reseña publicada por Protestante Digital donde la autora concluye que el debate Calvinista-Arminiano se reduce a “simples opiniones” de seres humanos acerca de la Biblia y el Evangelio. A decir verdad, gran parte de la crítica presentada por la reseña iba dirigida al resurgimiento calvinista en Latinoamérica, que sin lugar a duda está evidenciado por la cantidad de foros, conferencias, blogs, videos, literatura, plantación de iglesias del movimiento “reformado” (término usado por los calvinistas para referirse a su rama del Protestantismo) en la región.

Por ejemplo, la autora del artículo critica lo que para ella parece ser una fijación desmedida de parte de los calvinistas en las opiniones teológicas de personalidades como el reformador del siglo 16 Juan Calvino y el Predicador Británico del siglo 19 Charles Spurgeon. Sin embargo, las referencias a los “arminianos” son sumamente escasa en dicha reseña.

Ahora bien, ¿quienes son los Arminianos? ¿Y por qué son estos comúnmente presentados como los “archirrivales” de los calvinistas? La respuesta es compleja. Pero para entender el asunto, tenemos que empezar haciendo la salvedad que hay “arminianos de etiqueta” y “arminianos por convicción”. Permítame explicarle.

Lo que muchos Cristianos desconocen es que el término “arminiano” es la etiqueta dada por los calvinistas (de manera tergiversada y a veces peyorativamente) a los cristianos que no concuerdan con los principios doctrinales de la salvación (principios soteriológicos; en palabras finas) establecidos por la teología calvinista—principios comúnmente aludidos como “las doctrinas de la gracia soberana”. (No se espante que pronto explicaremos el asuntos en arroz y habichuelas)

Por lo tanto, aunque usted no entienda el debate Calvinista-Arminiano, ni le interese el tema, de cierta forma usted ya ha sido involucrado en esta pugna doctrinal Evangélica. Esto se debe a que para los efectos de los “reformados” (de nuevo: palabra de código que usan los calvinistas para identificarse mutuamente), el mundo Evangélico se compone de: “calvinistas” o “pseudo evangélicos herejes” denominados como los “arminianos”.

Para que vea que no estoy exagerando, aquí le comparto lo que uno de los Teólogo Calvinista más conocido y leído en el mundo Evangélico Americano, Michael Horton , tiene que decir acerca de lo que él entiende por “Arminianismo”:

“Un Evangélico no puede ser Arminiano de la misma forma como que un Evangélico no puede ser un Católico Romano”. M. Horton “Evangelical Arminians?” Modern Reformation 1 (1992): 18

Si un ejemplo no es suficiente prueba, permítame compartir lo que tiene que decir el señor R.C. Sproul acerca de lo que el entiende como “arminianismo”:

“Estoy de acuerdo con Packer y Johnston en que el arminianismo contiene elementos no cristianos y que su visión de la relación entre la fe y la regeneración es fundamentalmente no cristiana “. –R.C. Sproul, Willing to Believe: The Controversy over Free Will (Grand Rapids: Baker, 2006), 24

Podría continuar con los insultos, pero de esto no se trata esta entrada. En otras palabras, decir que se es Evangélico y Arminiano a la vez es un [oxímoron]—una contradicción. Así que si usted no es calvinista, (ya lo sabría si así lo fuese) los “reformados” lo etiquetaran de “arminiano”. Entiéndase que si los reformados lo etiquetan como “arminiano” no lo hacen porque lo consideren a usted como un hermano en Cristo, sino que lo hacen porque ellos piensan que usted es un individuo que tiene un entendimiento defectuoso del Evangelio. Espero que esto le ayuden a entender un poco mejor la raíz de la controversia en este asunto doctrinal.

La categorización tan peyorativa del “arminianismo” o “arminiano” se debe a que para personas como Horton, Sproul y sus seguidores, el concepto “arminiano” es sinónimo de “semi-pelagianismo”, (una herejía condena en Segundo Concilio de Orange del 529).

Semi-pelagianismo se define como:

“cualquier sistema soteriológico en el cual el proceso de salvación es iniciado por la persona humana aparte de cualquier gracia que no sea la gracia común, pero en el cual el proceso de salvación es sinérgicamente completado por la interacción cooperativa de lo divino y lo humano.”

Aunque este no es el tema que quiero presentar aquí, “semi-pelagianismo” está ligado inextricablemente a las enseñanzas de los monjes del sur de la Galia alrededor del siglo 4 los cuales eran críticos de Agustín de Hipona, en especial (prototípicamente) el sacerdote Juan Casiano. Casiano y algunos otros monjes gales (“Los Masilianos”) argumentaron que aunque Dios puede iniciar la salvación con su gracia, la iniciativa tiene que provenir del humano hacia Dios. Es decir, Dios espera ver el “ejercicio de una buena voluntad” antes de responder con gracia. Esto es lo que fue condenado (junto con la predestinación al mal) en Orange en 529.

Ahora bien, aunque no cabe duda que el “semi-pelagianismo” es practicado en algunos grupos Evangélicos en Latinoamérica—particularmente los grupos que entretienen una visión herética del “libre albedrío” y la negación del “pecado original”—los  “arminianos por convicción”, por contraparte, NO son semi-pelagianistas. (ver artículo por el Doctor Mark Cortez de Wheaton: El Sinergismo no es Semi-Pelagianismo)

Todo lo contrario, los “arminianos por convicción” confesamos que la salvación es un acto de Gracia Divina inmerecido mediante la fe en el Señor Jesucristo y otorgado por Dios a seres humanos depravados que de otra manera jamás podrían llegar al conocimiento de la verdad. La salvación, por ende se suscita en la “sinergia” del complemento [Gracia-mediante la fe]-y esto es un don de Dios (Efesios 2:8).

Note que aquí no se alega que la fe salvífica la cual se manifiesta en el ser humano causa la Salvación. Los “arminianos por convicción” creemos que la fe salvífica es posibilitada solo por la Gracia divina que precede y capacita las facultades humanas. Y aunque la salvación es resultado de la fe, la fe no causa la salvación. Dios causa la salvación en respuesta a la fe de acuerdo a su promesa de salvar a los creyentes:

para que todo aquel que en el crea no se pierda mas tenga vida eterna” (Juan 3:16(b)).

En resumidas cuentas creemos en (a) la gracia como indispensable para la salvación, en (b) la fe como la condición impuesta por Dios para la salvación, y (c) la salvación como un regalo inmerecido de Dios al creyente:

“por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados,”-Romanos 3:23-25

Entonces ¿Quienes son los “arminianos por convicción”? ¿Y Con qué se Come Eso?

Dese la vuelta por aquí mañana para la segunda parte donde contestaremos en detalles esta pregunta. Gracia y Fe a usted.

Parte 2 de la serie

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