Primera Parte de la Serie

Muchos piensan que la nación de los Estados Unidos se fundó bajo los principios Judeo-Cristianos. Esta ha sido la interpretación trillada de la derecha Americana, la cual ya no encuentra la manera de retornar a los “tiempos de antaño”.  Me refiero a las ideologías que dirigieron el proyecto del “Massachusetts Bay Colony”, donde los poderes civiles del Gobernador John Winthrop se entrelazaban con los poderes eclesiástico-doctrinales del Reverendo Puritano John Cotton. Fue allí donde por primera vez se articuló la visión de “La Ciudad en la Colina, (A City on a Hill). Esta fue una ciudad, que bajo las premisas pietistas puritanas, implantó un código civil que juró nunca repetir los errores de la represión religiosa europea.

Como ya sabemos, esta quimera duró poco tiempo. En un abrir y cerrar de ojos, los piadosos Puritanos de corte Calvinista se auto-proclamaron los “elegidos” y terminaron enfrascados en la exterminación de los nativos, la expulsión de los Cuákeros, la persecución de los Bautistas (Roger Williams se salvó de milagro), Judíos, y la lista no termina.

Para los escépticos del rol de la ortodoxia religiosa en la palestra pública, el ejemplo histórico Puritano le confirma lo peligroso de esta, para la democracia y la convivencia. Sin embargo, el punto clave ante este reclamo liberal es, ¿si la versión del Cristianismo implantada por los Calvinista Ingleses a su llegada a Norteamérica (o la versión Católica colonialista en América Latina) respondía a los postulados presentados por el fundador de la fe Cristiana, los cuales nos enseñan a “amar al prójimo como a nosotros mismo”, a “bendecir a los que nos persiguen”, a “poner la otra mejilla”?.

Una pregunta aún más esencial es, ¿cual de todos los órdenes civiles de corte teocráticos en la faz de la tierra ha cumplido a cabalidad con dichos principios? ¿El Reino de David o el de Salomón, o Josías, o Constantino, o Carlomagno, o, el proyecto teocrático-protestante de Ginebra del siglo 16, o la administración de George W. Bush? La falta de un modelo político-civil enteramente fiel a los principios de la ortodoxia Cristiana, nos debe obligar a preguntarnos si el propósito real de la ortodoxia es el de regular el ámbito social del ser humano?  Y si este no es el caso, entonces lo que tenemos es un problema de hermenéutica y no de metodología.

Es a partir de estos planteamientos históricos donde surgen las distintas vertientes del pensamiento humano en cuanto a la ortodoxia Cristiana. En un polo, tenemos a los que interpretan el rol de la ortodoxia Cristiana como método viable para la configuración del orden civil de una sociedad. Como mencionamos  anteriormente, nos sobran los ejemplos de los atropellos que han surgido a la luz de estos intentos. Al otro extremo, encontramos aquellos que desean configurar órdenes civiles totalmente alejados de todo postulado ortodoxo religioso. Es aquí donde retomamos la historia de nuestro amigo Thomas Jefferson.

Jefferson, un intelectual influenciado por el pensamiento filosófico del Británico John Locke, estimó que el renglón evaluativo doctrinal-religioso es sumamente problemático para cualquier “democracia liberal” que desee mantener cohesión social. Esto se debe a que el orden divino impulsado por el Cristianismo (la religión predominante al momento de crear la constitución) no necesariamente concuerda con las pautas racionales seculares, las cuales exaltan la autonomía del ser humano para determinar el estilo de vida que mejor le parezca. Lo genial de Jefferson fue que en vez de excluir la religión por completo del plano constitucional de la nación Americana, este impulsó la misma como elemento indispensable de la democracia liberal. ¿Y cómo esto posible?

La clave la encontramos en la ideología del deísmo, que para Jefferson representó “lo mejor de dos mundo”. El deísmo se “acaramela” con la “religión” puesto que no niega la existencia del ámbito divino en el universo.  Sin embargo, favorece la “secularidad” porque niega toda intervención divina en los asuntos humanos. La idea de Dios en el deísmo es la del “arquitecto cósmico”; un creador que diseña pero que no se entromete. Bajo estas premisas, somos nosotros los humanos lo que estamos al mando de los asuntos terrenales. ¡Tremendo truco! Así es como Jefferson con su tijera mágica desvincula la ortodoxia Cristiana de la ortopraxis moralista con el invento de la supuesta “Libertad de Culto”.

La ideología de la supuesta “Libertad de Culto” configurada por Jefferson responde a la hermenéutica deísta. Jefferson razonó que el Estado, (la entidad que él disponía a confeccionar a través de la constitución), tenía que “dar alante” y proyectarse como el sistema regulador que le concede al ciudadano el “privilegio” de profesar su fe religiosa dentro de un orden cívico-secular. Bajo estas pautas, la ortodoxia Cristiana es un “privilegio” con apariencia de “derecho constitucional”; concedido y resguardado por el Estado. Sin embargo, dicho “privilegio” se evapora al momento en el que la ortodoxia Cristiana provoca una ortopraxis contraria a las normas civiles existentes. No cabe duda, que quien sale ganando en esta arquitectura filosófica es el Estado puesto que éste delimita el alcance de los parámetros evaluativos del pensamiento doctrinal Cristiano sobre la sociedad.

En la situación actual los Cristiano tenemos “el derecho” a creer lo que queramos creer, siempre y cuando nuestras creencias se sujeten al ámbito privado del individuo. Inclusive, los Cristianos pueden implementar la ortopraxis proveniente de su ortodoxia siempre y cuando la primera de estas responda la a las pautas cívicas estipuladas por el orden social del momento. Por ejemplo, el Estado no tiene ningún problema en apoyar los proyectos de acción social Cristianos que buscan ayudar a los niños, ancianos, y a los enfermos. Sin embargo, el Estado si tiene problema cuando la Iglesia Católica, por causa de su ortodoxia, no quiere proveer servicios de aborto o contraceptivos a los empleados que trabajan en sus instituciones cívicas. El Estado si tiene problemas con la Iglesia cuando esta, a causa de su ortodoxia, se niega aceptar la validez del matrimonio entre personas del mismo sexo. Es aquí donde los “privilegios” de la supuesta “Libertad de Culto” terminan.

Es importante expandir las implicaciones de la subjetividad de la constitución al “orden social del momento” para poder entender lo elusivo del plan “Jeffersoniano”. El carácter transitorio de las pautas constitucionales, (me refiero a la dependencia en la interpretación legal como vehículo de implantación del orden cívico constitucional) creó lo que yo llamo “el efecto del duérmete nene” y me explico.

Los efectos de las postura filosófica deísta plasmadas en la constitución no se manifestaron en grande medida mientras hubo una mayoría conservadora Cristiana blanca. Gracias al mollero numérico y político, dicha mayoría logró implantar espacios civiles mucho más receptivos a la ortodoxia Cristiana blancas. Digo “blancas” porque siempre han existido discrepancias teológicas en estos grupos en cuanto al rol de la ortodoxia en la palestra pública. No obstante, el tipo de orden cívico proveniente de la intervenciones de este segmento en la política pública siempre favoreció al anglosajón y excluyó a otros grupos raciales. Es por esta razón que observamos como una nación que demuestra un supuesto alto nivel de empatía hacia el Cristianismo no tuvo problema en fomentar la esclavitud, la segregación y discriminación racial en contra de los no anglosajones.

Actualmente la mayoría moral-cívica es otras. Hay que recordar que los “baby boomers”, negociaron con el Estado su movilidad social ascendente a cambio de la indoctrinación liberal cívica de sus hijos. Por consiguiente, los hijos de los “baby boomer” guardan más lealtad al Estado que a la fe ortodoxa de sus padres.  Y aun con el crecimiento exponencial de las minorías en los Estados Unidos, estos parecen haber caído en la trampa de “jugarle el juego” a sistemas políticos y civiles que no responden al contexto étnico, social, religioso, y económico asignados a estos grupos. ¿Y ahora, quien podrá ayudarnos?

Obviamente, del Espíritu Santo emanan estrategias claves para desenredar este esquema de divorcio entre lo que creemos y cómo actuamos. Pero como mencioné anteriormente, debemos empezar por reconocer que el asunto del divorcio de la ortodoxia Cristiana con la ortopraxis es un problema hermenéutico y no necesariamente metodológico. Y para entender este punto debemos discutir el salto conceptual que ocurre en el postmodernismo de la veracidad a la moralidad….

“Yo soy el camino, LA VERDAD y la Vida” y por ahí nos vamos en la próxima entrada…..

Tercera Parte de la Serie

One comment

  1. Es bueno saber que tenemos gente capacitada para la lucha de la iglesia. La lucha seguira.Ayudanos Espiritu Santo Amen.

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