Nota aclaratoria: En el argot puertorriqueño la palabra “tostón” además de referirse a un tipo de fritura, también se usa para describir asuntos “escabrosos o difíciles de articular”.

La percepción con la cual siempre me topo antes de explicar el evangelio dentro de la perspectiva arminiana-wesleyanan-carismática-pentecostal a otros creyentes casi siempre es la misma: “¿Ustedes son los que creen el “el libre albedrío?”. Mi respuesta a esta pregunta también es la misma: “¡No exactamente, nosotros somos la gente que creen primeramente en “la Gracia Previniente” (la Gracia Divina que precede las desiciones/acciones humanas). Ante mi respuesta, las personas casi siempre me miran con cara de: “¿De qué planeta viene este?”.

Es por esta razón que me veo en la obligación de contrarrestar cierta percepciones equivocados que tanto los detractores del pensamiento arminiano como los tergiversadores del mismo, han logrado sembrar en las mentes de los que no están familiarizados con estos temas teológico-doctrinales.  

Ahora bien, siéntese antes de que lea esto que le voy a explicar:

El concepto del “libre albedrío” es uno polisémico:

“La polisemia (de “poli-“-, muchos, y el griego “sema”, significado), en lingüística se presenta cuando una misma palabra o signo lingüístico tiene varias acepciones o significados. Una palabra polisémica es aquella que tiene dos o más significados que se relacionan entre sí.”

Con esto me refiero a que si usted le pide definir la noción del “libre albedrío” a un teólogo, o filósofo, o abogado, o psicólogo o científico, todos estos lo definirian de una manera particular y distinta. Y dependiendo a quien le pregunte, algunos afirmarán o desmentirán la noción del libre albedrío humano. Es así como este tema se complica rápidamente. Espero que esto le ayude a entender por qué yo denomino el “libre albedrío” como un “tostón”.

Por mi parte, pienso que tanto el ámbito teológico como el filosófico necesita estar en constante conversación, ya que ambos buscan explicar de manera racional las implicaciones de este concepto en la vida del cristiano. Para un análisis filosófico de este tema le recomiendo comenzar con un escrito de Timothy Fox publicado por el portal “Filósofo Cristiano” que se titula “El Precio de Negar el Libre Albedrío”.

Yo por mi parte estoy interesado en discutir las ramificaciones teológicas del “libre albedrío” desde la perspectiva arminiana. [Para una breve introducción al concepto del “arminianismo” favor leer mi serie: ¿Arminianiano? ¿Y Con que se Come eso?].

Mencionó la “perspectiva arminiana” porque el carácter polisémico del “libre albedrío” también se evidencia en pensamiento teológico calvinista—los cuales a través de la noción del “compatibilismo” definen el “libre albedrío” de una manera distinta. (De hecho, dependiendo a quien le pregunte usted obtendrá una respuesta particular). Por lo tanto, los Cristianos de trascendencia arminiana-wesleyana-carismática-pentecostal le es necesario desarrollar un entendimiento bíblico-teológico de dicho concepto.

¿Cómo se fríe un tostón? …Primero aplique aceite…

Note que el enfoque presentado a continuación acerca del concepto de “libre albedrío” se circunscribe particularmente al ámbito de la salvación.

Como antes establecido, hay varias maneras de definir el concepto del “libre albedrío”.

Primeramente, permítame definir dicho concepto desde lo que considero es una perspectiva teológicamente errada. Para esto necesito hacer referencia a un tema mencionado anteriormente en otras entradas del blog—el “pelagianismo” y el “semi-pelagianismo”, (de nuevo, si desconoce estas herejías teológicas, lo invito a leer la serie ¿Arminianiano? ¿Y Con que se Come eso? y/o “El Sinergismo no es Semi-Pelagianismo donde se discuten estos temas). La definición pelagianistas o semi-pelagianistas del “libre albedrío” es:

La capacidad innata o inherente del ser humano de obtener la salvación por medio de acciones que le permite responder afirmativamente o negativamente al evangelio y/o a la oferta de salvación.”  

Quizás aquellos que desconozca este tema o se topen con esta definición por primera vez se pregunten: “¿Y qué hay de malo con esta definición? El ser humano posee la capacidad de decidir cosa en su diario vivir. Tenemos la capacidad de decidir entre tomarnos un café claro o un café oscuro, y ¿porque no extender esa capacidad deliberativa a la salvación? ¿Acaso no fui yo quien tomó la decisión de seguir a Cristo cuando me convertí?. ”

Es aquí donde comienza nuestra jornada teológica—la cual tiene como propósito clarificar las percepciones humanas a la luz de la verdad revelada en las escrituras.

Dentro de la perspectiva teológica arminiana, se afirma que el ser humano posee cierta capacidad deliberativa innata en los asuntos cotidianos de la vida. Por ejemplo, usted ha tomado la decisión de leer esta entrada en mi blog—lo cual le agradezco porque estoy conciente que usted tiene la capacidad de escoger otras maneras de cómo ocupar su tiempo.

Sin embargo, en lo referente a la capacidad del ser humano en asuntos relacionados a la salvación (asuntos soteriológicos), la perspectiva arminiana clásica enfatiza que las facultades espirituales del ser humano están ineludiblemente averiadas. Dicha avería espiritual surge a consecuencia de la caída del “humano” y la eventual naturaleza pecaminosa engendrada a causa de esta.  

La magnitud del daño causado por la presencia perniciosa del pecado en la vida del ser humano es tal, que este no cuenta con recursos espirituales innatos en su constitución como ser creado para acercarse a Dios por cuenta propia.

Tanto el pelagianismo como el semi-pelagianismo enfatizan que el ser humano tiene la capacidad inherente, aparte de la intervención de la gracia divina, de provocar su propia salvación mediante actos piadosos o morales.

A diferencia del pelagianismo, el semi-pelagianismo proponen que la gracia salvífica de Dios es necesaria para la salvación pero esta es depositada sobre aquellos que primeramente actúan de manera agradable a Dios. En otras palabras, lo que diferencia a un individuo salvo de uno no-salvo es su autodeterminación o su disposición a actuar de manera moralmente “apropiada”.

El pelagianismo y sus distintas vertientes ha cobrado un impulso avasallador dentro del postmodernismo. Particularmente en las sociedades desarrolladas se pregona:

(a) que no hay tal cosa como “salvación divina”, ya que está presume que hay algo en nosotros que necesita ser redimido. Por aquí se ha colado la infatuación con el “universalismo postmoderno”, el cual se burla de la posibilidad del juicio divino y de un énfasis tildado como “fundamentalista” del “infierno”.

(b) algunos más receptivo al pensamiento religioso proponen que de haber tal cosa como “salvación divina”, esta está condicionada a las acciones de los individuos. Este tipo de tergiversación teológica caracteriza al movimiento Liberal Protestante Cristiano, el cual ha decidido abandonar la necesidad de la ortodoxia para prestar un énfasis desmedido a la ortopraxis (el actuar correcto) como vehículo salvífico para el ser humano. Irónicamente, esta vertiente también coquetea con el “universalismo”. Para mas informacion acerca de este reclamo vea mi serie del 2014, “El Divorcio de la Ortodoxia y la Ortopraxis

No obstante, la manera más simple de aclarar y contrastar el rol del “libre albedrío” en el pensamiento arminiano del pensamiento calvinista es estudiar el Orden de la Salvación (Ordo Salutis)  propuesto por estas estas vertientes del Protestantismo.  Así es como empezamos a cocinar este “tostón” en la próxima entrada. Buen provecho…..

“Si hasta aquí nos trajo no nos dejará; propósito en todo tiene él”….”

Si no lo has hecho ya, subscríbete al blog a través de tu correo electrónico. Comparte este blog con tus amistades.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *