I. Relato & Contexto:

Una de las características que más me impresiona de Jesús durante su ministerio en Galilea es su sagacidad pedagógica.  En los evangelios podemos leer como los opositores de Jesús siempre le tendían “emboscadas teológicas” con el deseo de desprestigiarlo.  Sin embargo, con su sabiduría divina, el Maestro no tan solo resolvía las polémicas presentadas sino que también tornaba los episodios de provocación en momentos de aprendizaje para el beneficio de todos sus oyentes. Este es el patrón pedagógico que encontramos en el muy conocido relato de Lucas 10:25-37; “la parábola del buen samaritano”.

A manera de prueba, un “intérprete de la ley” que se encontraba en el área, le lanza una “carnada” a Jesús en forma de pregunta piadosa: “¿qué haré para heredar la vida eterna?” Curado de espanto, Jesús le rebota la pregunta al intérprete: “¿Qué está escrito en la ley? ¿Qué lees en ella?” Resulta ser que el “intérprete” sabía la respuesta de su propia pregunta, pues citó a Deuteronomio 6:5 junto con Levíticos 19:18 como todo un profesional de las escrituras.  Así Jesús parece haber puesto punto final a la pregunta capciosa del conocedor de la ley. Sorprendentemente, al piadoso letrado todavía le quedaba una preguntita por hacer:

…“¿y, quien es mi prójimo?…

Es aquí donde Jesús, quizás un poco cansado de la impertinencia del provocador, decide presentar un parábola como método educativo, tanto para el hombre que buscaba su atención, como para todos aquellos en su proximidad; eso nos incluye a usted y a mi. Para apreciar la enseñanza de Jesús a través de esta parábola debemos prestar atención a un detalle muy importante.

II. Enfoque Exegético

Es sumamente esencial reconocer que Jesús nunca contestó la pregunta, “¿quién es mi prójimo?” al intérprete de la ley. Al final de la parábola Jesús lo que le pregunta al hombre es: ¿Cuál de estos tres piensas tú que demostró [ser prójimo] del que cayó en manos de los salteadores?

La clave aquí es la aseveración “ser prójimo”. El interés de Jesús en esta ilustración no es corroborar si nosotros podemos identificar a nuestro prójimo. Más bien, el reto que nos lanza Jesús es el de “ser prójimo” de aquellos que han caído en “las manos de los salteadores”.

Nosotros, en nuestra función de “intérpretes de la ley” a veces nos dedicamos a “identificar al prójimo”. Hemos perdido mucho tiempo marcando con nuestro juicio o nuestra “pena” al adicto a las drogas, a la prostituta, a la persona con discapacidades intelectuales o físicas, al huérfano, o la viuda. Lo que Dios realmente desea es que concentremos nuestros esfuerzos en “SER” prójimo de todas estas personas. Es aquí donde vemos a Jesús transformando la interrogante de “¿quién es mi prójimo?, a ¿cómo puedo ser yo el prójimo de aquellos tendidos en las veredas desoladas de la vida?

III. Ser o no Ser

La parábola del buen samaritano nos ilustra por lo menos tres maneras en la cual podemos “ser prójimo” de acuerdo a las enseñanzas del Señor Jesucristo.


a) El [ser prójimo] conlleva arriesgar nuestro bienestar personal por compasión a los que yacen tirados en las veredas de la vida.

¿Que impedía que los mismo ladrones que atacaron al malherido también atacaran al sacerdote, al levita y/o al samaritano? A pesar de lo peligroso del camino por donde transitaban, solo el samaritano asumió el riesgo y se detuvo por compasión. Muchos interpretan que el sacerdote y el levita no se detuvieron ayudar porque iban de prisa a sus labores litúrgicas. Pero la descripción de Jesús nos permite inferir que la vereda por donde transitaban estos hombres era una desértica donde no había sinagogas y templos en la proximidad.

Al ver al hombre moribundo, el relato nos dice que tanto el sacerdote como el levita “pasaron por el otro lado del camino”. Por lo tanto, quizás estos funcionarios del templo no iban de prisa a cumplir sus compromisos religiosos. En este contexto, quizás ambos religiosos midieron los peligros y las consecuencias de ayudar al desconocido en una vereda desértica y decidieron seguir su rumbo por el otro lado.

Es interesante notar que ambos religiosos pudieron identificar “quién era su prójimo”. Sin embargo, ambos rehusaron “ser prójimo” del victimario. Quizás estos sintieron pena por el hombre o cuestionaron la efectividad de sus acciones en un lugar desolado. Quizás sus intenciones fueron doblegadas por sus sentidos de inseguridad. Sin embargo, el samaritano motivado por la compasión, asumió el riesgo de ayudar al herido.

b) El [ser prójimo] conlleva invertir nuestro tiempo, bienes, y esfuerzos en el proceso de restauración de aquellos golpeados por la vida.

El samaritano tuvo compasión y se detuvo. Sin embargo, un simple “Dios te bendiga” no era suficiente para restituir el mal perpetrado contra la víctima. No sabemos cuanto tiempo le tomó al samaritano vendar las heridas de aquel moribundo. Tampoco sabemos cuán lejos estaba el samaritano de su destino final. Pero ante lo inesperado de la tragedia, el samaritano no escatimó usar su “vino y su aceite” (lo que sería su sustento durante su travesía) para ayudar a restaurar a una víctima desconocida. El proceso de restauración requirió llevar al abatido a un mesón y cuidar de él. ¡No hay duda que ser prójimo del caído conlleva tiempo, gastos y esfuerzo!

c) Para [ser prójimo] necesitamos romper los paradigmas socio-culturales que pautan nuestro comportamiento hacia a los demás.

En la sociedad Palestina existían parámetros que dictaban el nivel de interacción entre los judíos y los samaritanos. A la hora de ayudar al malherido, el samaritano trascendió las tensiones étnicas de su contexto en su trato hacia el victimario.

Hoy en día, los parámetros de nuestra sociedad nos llevan a adoptar patrones selectivos de beneficencia;

Como dice el dicho: “la sangre pesa más que el agua”. De acuerdo a los valores de este mundo, estamos llamados ayudar solo aquellos que guarda cierto vínculo con nosotros. ¿Pero, qué de aquel que no profesa mi misma fe, o al que no se subscribe a mis ideologías políticas, o al que no pertenece a mi grupo racial o étnico, o al que no adopta mis criterios de orientación sexual, o al que no tienen mi mismo nivel socioeconómico o académico?

En segundo lugar, de acuerdo a los valores de este mundo, nuestras ayudas al prójimo están condicionadas por los parámetros de la “mutua beneficencia”;

Hoy por ti y mañana por mí”—así solemos decir. Por lo tanto, terminamos dándole la mano aquellos que tengan el potencial de compensar nuestras acciones en un futuro. Ayudamos a José porque él es una persona de influencia en la sociedad. Pero no ayudamos a Pedro, el “indigente”, porque no le vemos potencial alguno; a Pedro lo dejamos tendido en la vereda y cruzamos al otro lado del camino.

Estos son algunos ejemplo de cómo usamos nuestros “actos de beneficencia selectiva” para cumplir con las expectativas cívicas de nuestra sociedad. Es por esta razón que el intérprete de la ley necesitaba determinar quién era su prójimo.

 IV. Ortodoxia Cristiana Capacitadora:

En la “parábola del buen samaritano”, lo que le interesa a Jesús es que aprendamos a ser la clase de prójimo que él fue. Cristo no escatimó dar su vida por la humanidad, aun cuando ésta yacía moribunda a causa del germen del pecado. ¡Obviamente, es imposible ser como Cristo por nuestra propia moralidad o determinación! Por lo tanto, cuando Jesús nos dice “Ve y haz tú lo mismo” nos está invitando a reconocer lo tergiversado de nuestras acciones humanas. Sin la dirección del Maestro, hasta lo que preguntamos tiene que ser transformado.

No obstante, la tarea de [ser prójimo] es un encargo que solo se cumple a cabalidad cuando rendimos nuestras vidas a los pies del que venció al pecado. Sin él, no podemos ser como él. Es solo en el poder regenerativo del Espíritu Santo que podemos ser la clase de samaritanos y samaritanas que Jesús desea formar, (2 Corintio 5:17). Sin el poder de la resurrección de Cristo en nosotros, nuestras actos de beneficencia son actos de moralidad hueca.

Por lo tanto te invito a reflexionar en las implicaciones de ser prójimo a la luz del Evangelio. Es solo en el reconocimiento de nuestra imposibilidad y a través de la infusión de la naturaleza de Cristo en nuestras vidas podremos hacer la transición del “¿quién?” al “¿cómo?”.

6 comments

  1. Excelente escrito. Lo importante de ello es que debemos ponernos en el lugar del projimo sin mirar a quien. Jesus murio por nosotros y en sys parabolas siemore nos tuvo presente como projimo.
    Amen….

  2. Ser projimo nos lleva a accionar, solo tenniendo un corazón sensible y obediente a lo que Dios quiere de mi es posible.

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