En la región más desigual del mundo, un niño muere cada dos minutos. #DesigualdadSinFuturo

Posted by PlayGround on Tuesday, January 26, 2016

 

En la era de la globalización donde parecería que las naciones y las sociedades están más interconectadas que nunca, irónicamente se palpa un resurgimiento en las estrategias evangelísticas “aculturales”.

Acultural: significa ajeno a la cultura o privado de ella.

contexto

 

Por “acultural” me refiero a dos aspectos; primeramente al intento de diseminación del evangelio que no toma en cuenta la ecología cristiana-religiosa endémica de la región. Según el Atlas de Cristianismo Global, Latinoamérica es el área mas evangelizada del planeta [1]. Y esto no ha sido el producto de un solo grupo denominacional sino de cientos de movimientos dentro del Cristianismo. Sin embargo, los intentos misiológicos contemporáneos carecen de una cuña contextual dado a que estos se concentran en el “re-adoctrinamiento” de los ya “evangelizados”.

Esto nos lleva al segundo aspecto. Por movimiento misiológicos aculturales también nos referimos al énfasis desmedido de estos grupos a la pugna doctrinal por encima de la necesidad urgente de una labor social Cristo-céntrica en la región. Como lo ilustra el video que encabeza esta entrada, Latinoamérica además de contar con la indeseable distinción de tener 41 de las 50 ciudades más violentas del hemisferio, también tiene el perfil de disparidad económica más agudo del planeta a pesar de algunos avances.

contexto

 

¿Y que de las diferencias doctrinales? ¿Las ignoramos o las pasamos por alto? Por supuesto que existen y existirán diferencias doctrinales. Pero una cosa es concentrar nuestros esfuerzos en el “re-adoctrinamiento”, (la cual emplea la mentalidad subyugante de “crees-como-yo-o-te-vas-al-infierno) y otra es luchar por afincar los principios esenciales de la fe, los cuales pueden ser promulgados y sostenidos dentro de los distintos ejes doctrinales existentes en Latinoamérica. La realidad es que el panorama de la región es tan sombrio que sin lugar a duda necesitaremos alianzas estratégicas entre los pentecostales, los calvinista, los anabaptista, los católicos, los moravios, los evangélicos no denominaciones y la extensa gama de grupos protestantes en la zona. Sin embargo, esta conceptualización sigue siendo ignorada y repudiada por los nuevos esfuerzos misiológicos del momento.

Por un lado tenemos el frente carismático neo-pentecostal que desde hace mucho viene presentándose como la alternativa al catolicismo endémico de Latinoamérica. Ahora, ante el umbral del siglo 21 vemos el resurgimiento de un sector que se autodenomina como el movimiento “reformado” (financiados mayormente por el bastión calvinista Bautista del Sur en los Estados Unidos) que no tan solo busca confrontar el catolicismo sino también re-adoctrinar el remanente neo-pentecostal en la zona.

¿Puede Latinoamérica darse el lujo de continuar las guerras doctrinales? Mi apelación a la necesidad de estrategias contextuales se basa en dicha discordia misiológica. Mi apelación a la contextualización de la tarea evangelizadora es precisamente un intento por reconocer la influencia de la globalización en el orden social.

Contrario a lo que muchos piensan, la globalización, en lugar de eliminar las fronteras geográficas, esta exaspera las particularidades de las comunidades en el mundo que antes no contaban con espacios amplios de diseminación. Obviamente, a mayor desimanación, más salen a relucir las diferencias y los errores doctrinales. Pero esta en nosotros desarrollar la capacidad de distinguir entre lo que es “diferencia’ y lo que es “aberración”.

Por supuesto, es mas fácil denigrar y asumir posiciones hegemónicas donde “solo los que piensan como yo son mis aliados”. Sin embargo, esta estrategia violenta la naturaleza ecológica-religiosa de la región y desvía los esfuerzos al desarrollo integral de seres humanos creados a la imagen y semejanza de Dios.

El enfoque contextual nos hace mas humilde y nos ayuda a reconocer que podemos instar aquellos que han sucumbido a la aberración doctrinal a enmendar sus bases teológicas sin tener que exigirle que abandonen su identidad denominacional-religiosa. Esto conlleva un nivel de madurez característico de los que profesan estar comprometido con los principios del Reino de Dios en una tierra con una vasta ecología religiosa.

Echémosle un vistazo a la tipología misiológica “acultural” y sus patrones para poder así evitar caer en las mismas.

El primero de estos patrones es la evangelización genérica que pretende desglosar la verdad de la “Palabra” como si esta, por arte de magia, fuese absorbida por entes que se encuentran sumidos en un contexto social muy complejo. En este patrón, la evangelización se convierte en un instrumento “fetichista”, donde inundamos las ondas radiales, los canales televisivos y los medios sociales con mensajes inteligibles, no por falta de sincronización lingüística sino más bien en arras a un desconocimiento profundo del contexto social de los oyentes.

El segundo patrón, aunque relacionado al primero, lleva en sí un poco más de intencionalidad. A este le llamo la evangelización globalizada. Por “globalización” aquí me refiero a un impulso imperialista, (de corte eurocéntrico) donde las estrategias dirigidas originalmente a personas del mundo desarrollado son “recalentadas”, “empaquetadas”, y “suministradas” al Latinoamericano. En este fenómeno la Palabra no necesariamente se convierte en un instrumento fetichista sino más bien en un vehículo “alienígeno”, ya que busca imponer los matices de unas realidad no experimentada en este lado del mundo.

Quizás el punto de convergencias de estos dos patrones ocurre en las etapas posteriores donde sale a relucir la destrucción del ecosistema hermenéutico causada por estos “estrategas”. Ante la falta de recepción y de crecimiento autóctono, los perpetradores de estos esquemas le achacan todo al “fatalismo” o la “predestinación tergiversada”.

El fatalismo sale a relucir cuando escuchamos la clásica frase: “Es que los tiempos están cambiando” o “ya no es los mismo; la juventud no quiere escuchar el mensaje”. Este es la puerta de escape de los que emplean “la evangelización genérica.

La “predestinación tergiversada” resurge como excusa para los que emplean el método de “evangelización globalizada”. Al percatarse de la falta de recepción, los destructores de ecosistemas eclesiásticos le achacan todo a que “muchos son los llamados y pocos los escogidos” o “yo riego y Dios es quien determina el crecimiento”. ¡Si Pepe, sigue creyéndote el mismo cuento!

¡Por favor, asumamos consecuencias! Hoy por hoy, el mundo latinoamericano se asemeja a una “olla de presión” con la válvula de escape dañada.  Tenemos una Brasil que cabalgaba económicamente a toda velocidad a principio de siglo y al momento parece que se le está empezando a desinflar las llantas. Tenemos un México que no puede disimular el espeluznante nivel de corrupción gubernamental. Tenemos una Argentina que no ha podido recuperarse de la debacle del 2000. Una Venezuela que se mira desencantada con el post-chavismo. Una Nicaragua que le ha vendido el alma a la China. Una Colombia que no le queda más remedio que configurar la politización de las FARC. Una Honduras y El Salvador que no pueden lidiar con el “pandillismo” importado via USA. Una Guatemala que no tiene otra solución que enjuiciar a su pasado Presidente.  Una República Dominicana con un expediente de violaciones de derechos humanos deplorable y un Puerto Rico que vive como el perro que espera que caigan las migajas de la mesa del colono. Así es que esta la cosa caballero, (que me perdonen todos los que no mencione).

¿Soluciones? Contexto, contexto y más contexto. ¡Contextualización en arras a la globalización! Se acabó la era de las prescripciones genéricas y del “fast food” misiológico. Para ayudar a Latinoamérica vamos a tener que sentarnos a repensar las estrategias. ¡Ayúdanos Jesús!

 

[1] Atlas of Global Christianity.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *